“Me temo que ni usted ni yo podemos parar la marcha del tiempo” (Rauffenstein, La grande illusion)

Insistimos en las rutinas. Repetimos los gestos cotidianos como quien reza a un dios en el que apenas cree. Colocamos viejos objetos queridos a la vista. Nos empeñamos en recordar, en no olvidar. Pero es en vano. Todo se tambalea.

El mundo que conocimos ya no es, ya no será. Y su recuerdo se difumina sin piedad como la línea del horizonte en las noches turbias del invierno.

La gran ilusión, aquella revistilla gratuita que se ofrecía en los cines Renoir, ¿se acuerdan?, ha dejado de existir en formato de papel. Me gustaba el ritual de ojearla antes de la película y después siempre estaba un par de semanas por mi casa antes de terminar, sin que la hubiese vuelto a abrir, en el contenedor de reciclaje de mi barrio. Esa revistilla era para mí un objeto querido y cotidiano. Pero de pronto ya no existe. La gran ilusión, se llamaba, como la película. Y era gratis. ¿Acaso no resulta hermosamente metafórico?

Crueles y poéticos a la vez, los nuevos signos de los tiempos abocan a la nostalgia.

La nostalgia es el anhelo doloroso de volver, de regresar a la patria original del yo transmutado, del pasado irrealizable (o del yo irrealizable y el pasado transmutado, no sé, hace mucho que no leo a Cioran). Es el utópico e inevitable camino de vuelta. Es una mezcla entre el viaje denodado de Ulises y el ingrávido y esquivo deseo del gran Gatsby.

Es una trampa. No hay ningún lugar al que volver.

Hay que huir de la nostalgia. La nostalgia paraliza y aturde y nos aleja del futuro que no espera. ¡Si ahora La gran ilusión se puede consultar on-line! Llegas al cine, sacas el dispositivo móvil y a leer hasta que empiecen los tráilers. ¿A qué tanta melancolía? Las cosas han cambiado irremediablemente, pero no tanto al fin y al cabo. ¿Y si dejamos de mirar atrás y nos incorporamos al cambio? O aún mejor, ¿y si aceleramos y protagonizamos ese cambio?

El mundo que conocíamos no volverá y ya nada será lo mismo. Cuanto antes lo aceptemos, más rápido seguiremos avanzando. Tal vez hacia adelante encontremos la misma nada que dejamos atrás. O tal vez no.

En el intento permanente de evasión que es la vida, esa es la única gran ilusión que nos queda.

Bueno, esa, y el deseo de haber amado a Jean Gabin.

 

Publicado por Yolanda Román

Jurista, activista y mamá equilibrista. Aquí sólo hablo de amor y de política. En el amor soy militante contumaz del totalitarismo libertario. En política no me caso con nadie. Escribo para no morir aplastada por mi misma y a veces soy M. George. En Twitter: @stricto_sensu.

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13 comentarios

  1. ¿Dónde está escrito que hay que seguir? Debería ser una opción – aunque poco imaginativa y menos comprendida- el quedarse, el no avanzar aunque ello signifique morir un poco. Aunque al escribir esto me dirán que no hay que rasgarse las vestiduras, siempre a delante, siempre… Creo que hay o debiera haber espacio para el recuerdo, para la nostalgia, para vivir otras realidades si las presentes no nos gustan o han perdido toda su etimología. Y estando contigo de acuerdo en lo que, siempre, desmenuzas, en este caso el futuro es tan negro y vacuo que apenas queda margen por el que meterse pero para quedarse. Sé que no es políticamente correcto mantener por principios tales postulados, lo sé. Inovarse o morir, jamás hacia atrás como los cangrejos, vivir valiente hacia adelnte siempre. Y porque suena a tópico cuanto menos, o a rancio, o a cobarde esgrimir como principio lo contrario, el anclarse a una irrealidad puesto que ya no es. Decía -precisamente- Cioran, que si te asomas a un abismo puedes verte en el fondo del mismo.
    También he amado a Jean Gabin sin embargo.

  2. Vaya por dios, acabo de hacer, dejar un comentario sobre este hilo y no aparece, sí en el margen derecho como nota informativa, igual se ha perdido entre la magia de la informática.
    Saludos en cualquier caso.

  3. Tiempo ara que no te lees a Cioran, pero lo tienes bien freco. Articulo el tuyo que lo podia firmar el mismo Cioran. Realmente esplendido, me dejas anonadado, no me paso por la cabeza qué escribieras tan bien, te felicito. Un abrazo.

  4. Se me perdio lo escrito por el camino. Bueno reinvento lo escrito. Realmente anonadado, no me habia pasado por la cabeza que escribieras tan bien, y desde luego a Cioran lo tienes bien fresco, tú hermoso articulo, bien lo podia haber firmado el propio Cioran.

    1. No se ha perdido lo que has escrito, pero no se ve en comentarios. Yo sí puedo verlos. Gracias, me gusta mucho lo que me dices, y viniendo de ti, ¡es todo un piropo!

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