A lo mejor es verdad que estamos locas. Pero entonces es de la demencia de donde salen nuestras fuerzas. Porque no me negarán que somos fuertes. Podemos ser más o menos decididas, más o menos libres o más o menos buenas, pero no conozco ni una mujer, ni una sola, que no sea un ejemplo de fortaleza y voluntad. Lo mismo las activistas que las amas de casa, las campesinas que las ejecutivas.

Hay mujeres atrevidas que se ponen el mundo por montera y hay mujeres que padecen en silencio el miedo a ser golpeadas, violadas, vendidas, insultadas. Las hay que no quieren renunciar a nada y las hay que han tenido que renunciar a todo. Algunas no pueden esperar ni un día para conseguir aquello que desean y otras esperan pacientemente a que sus hijos crezcan, a que sus maridos se vayan o a que sus jefes se mueran.

Algunas mujeres se juegan la vida simplemente por haber nacido mujer o por defender los derechos de otras mujeres. Algunas pueden elegir y son las únicas responsables de sus errores. Unas y otras, vuelen o vivan atadas al suelo, soportan sobre sus hombros, o al menos sobre sus conciencias, el peso del mundo.

Sí, señores, del mundo entero.

Parimos, amamos, luchamos, limpiamos, trabajamos, planificamos, pensamos y soñamos con una fuerza, con una hondura, con un convencimiento, a la vez cósmico y telúrico, que nunca he descubierto en un hombre. Y no se revuelvan, compañeros del otro sexo, que no encontrarán a otra que les defienda más que yo. Pero las cosas como son: las mujeres sostienen el mundo.

Ciertamente, no es lo mismo ser mujer en Níger que en España. El escenario geográfico y económico condiciona, limita o, en el caso de algunos países, condena cruelmente a las mujeres. Pero en esa fortaleza compartida las mujeres nos reconocemos, nos conectamos y nos sentimos cómplices. Casi siempre.

Yo admiro a todas las mujeres que me rodean y a casi todas las que me encuentro por los caminos. A mis compañeras de trabajo, a Las Reincidentes, a mis amigas, a mi madre, a la señora que trabaja en mi casa, a la tutora de mi hijo, a la cajera del súper, a mi peluquera e incluso a varias diputadas de distintos partidos. En todas ellas reconozco esa fuerza que sostiene el mundo y en ellas se refleja y se renueva, día a día, mi valor.

A todas ellas, les dedico este 8 de marzo de reivindicación y recuerdo.

PS: Aunque es verdad que les falta un hervor, justo es reconocerles también a los hombres parte del mérito. En mi caso al menos, algunos hombres maravillosos me han acompañado en la vida y me han querido bien, gestionando como han podido -con más voluntad que acierto, todo hay que decirlo-, esa fuerza, esa energía, ese amor, trascendental, medular, orbital y un poco demente que mueve el mundo.

Publicado por Yolanda Román

Jurista, activista y mamá equilibrista. Aquí sólo hablo de amor y de política. En el amor soy militante contumaz del totalitarismo libertario. En política no me caso con nadie. Escribo para no morir aplastada por mi misma y a veces soy M. George. En Twitter: @stricto_sensu.

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8 comentarios

  1. Me encantáis Las Reincidentes. Seguid locas… y cada día más.
    En cuanto al hervor que nos falta… ¡Bueno!… Hoy celebramos el Día de la Mujer

  2. Cómo si no, soportar todo lo que dices y más sin ese toque de locura. De todas formas, como en casi todo, existe la excepción. Lo ideal sería no tener que celebrar el día de la mujer, ello significaría que todos somos iguales.

  3. Excelente Yolanda, y se me había pasado. Yo, por mi parte, me voy directo a ponerme un rato al “baño maría” y a ver si despierto mi “lado femenino”

  4. Hola!
    Me encantáis siempre pero hoy me apenó leer un matiz. “Activistas o amas de casa”. Las hay que trabajamos en el pasado para Naciones Unidas, tenemos mucha experiencia profesional, hablamos cuatro idiomas y somos amas de casa. Cuidamos a nuestros hijos y trabajamos mucho. Y somos activistas. Me encantaría leer un post vuestro sobre el tema. Ayudadnos a vencer el estereotipo de ama de casa sin formación, de mujeres sin inquietudes.
    A veces somos amas de casa por decisión. A veces lo somos por obligación. Seguimos estudiando, o no, tenemos formación o no, tenemos inquietudes o no, pero no somos un saco de mujeres iguales. Ese estereotipo pesa y duele mucho.
    Gracias siempre por vuestras palabras y reflexiones.
    Un abrazo fuerte desde Londres.

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