Hay amigos que siempre han estado ahí, de los que se sabe todo –cada vez menos- y que uno recuerda haber visto en pijama con siete años o arreglado para salir con catorce, y piensa: ¡menudas pintas llevaba! Son de los que aparecen en las cajas de fotografías antiguas y borrosas, luciendo camisetas de Mazinger Z o lazos de Don Algodón. Amigos que un día se fueron a estudiar a algún sitio y un día tuvieron hijos o un día no tuvieron hijos.

Hay amigos que aparecen de repente, ya mayores, de los que no se sabe nada –pero se entiende todo- y a los que uno les concede inmediata y naturalmente un lugar de honor en ese futuro que cada vez llega más pronto y cada vez se parece menos a lo que soñamos, si es que soñamos. Son de esos que suben a Instagram una foto de la botella de vino que se están pimplando y te mencionan. Amigos que un día pasan por Madrid o viven en Madrid o un día ya no viven.

Hay amigos a los que se les consulta antes de tomar una decisión y amigos que son los primeros en saber qué hemos decidido. Hay amigos que comparten y alivian las tribulaciones y amigos a los que sólo se les llama para decirles: ¿sabes qué…?

Hay amigos que te dicen las verdades a la cara y amigos que amenazan con reventarle la cara a la verdad como se atreva a hacerte daño.

Hay amigos que vemos a menudo y amigos que hace años que no vemos. Amigos que no llaman nunca y otros que siempre retuitean. Hay amigos que sólo aparecen, milagrosamente, cuando más les necesitas y amigos que nunca se echan en falta porque están cerca y no se nota.

Hay amigos que son un burladero para llorar y amigos que te falsifican un salvoconducto para reír. Hay amigos que se ríen del llanto y lloran de la risa y siempre están viajando o acaban de llegar de viaje o están a punto de partir.

Hay amigos que te irritan profundamente, pero son tus amigos.

Hay amigos que te obligan a mirarles siempre de frente y amigos que prefieren hacerte un sitito a su lado. Amigos que te invitan a cenar y amigos que desayunan en Vallecas. Amigos que presienten la tristeza y otros que anticipan la alegría. Amigos que siempre saben lo que vas a decir y amigos que dicen muchas cosas que no sabes.

Hay amigos que te conocen bien y a veces no te reconocen, y amigos que te reconocen a lo lejos sin apenas conocerte.

Sé que son mis amigos porque suelo olvidar sus cumpleaños y los de sus hijos y muchas veces les digo que les voy a llamar y no les llamo, que me voy a pasar y no aparezco, que les tengo que contar y no les cuento.

Sé que son mis amigos porque no nos pedimos las explicaciones que las certezas y los prodigios no necesitan.

Y sé que son mis amigos porque pienso en ellos cuando estoy contenta.

Y porque pienso mucho en ellos cuando estoy muy contenta.

 

Publicado por Yolanda Román

Jurista, activista y mamá equilibrista. Aquí sólo hablo de amor y de política. En el amor soy militante contumaz del totalitarismo libertario. En política no me caso con nadie. Escribo para no morir aplastada por mi misma y a veces soy M. George. En Twitter: @stricto_sensu.

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2 comentarios

  1. Solo existen “los malos” cuando necesitamos un grupo que nos de identidad..cuando para no tolerar la incertidumbre nos dotamos de reglas subliminales para no estar solos..
    Gacias Yolanda !! Me arriesgare a dudar cuando la guerra se mantenga sola.

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