Me había prometido a mí misma no hablar de trabajo en este espacio… pero claro, hay trabajos y trabajos. Y hoy me siento orgullosa del mío. Oír hablar a una agencia de Naciones Unidas en términos duros para referirse a los gobiernos que forman parte de su “directorio” no es muy habitual, pero oírselo decir a cinco de manera conjunta y rotunda es realmente excepcional. Como excepcional es el drama que está viviendo la población de Siria desde hace más de dos años, ante nuestra indiferencia colectiva.

Imagino lo duro que tiene que ser para los compañeros que trabajan allí (y eso es insignificante comparado con lo que sufren las víctimas directas, ¡por supuesto!). Lidiar contra la falta de recursos día tras día en un campo de refugiados atestado. Tratar de devolver algo mínimamente parecido a la normalidad a niños que han salido de casa con lo puesto, después de ver morir a familiares o amigos. Observar impotentes la reducción constante de los fondos y no saber qué más recortar sin castigar aún más a los que nada tienen y nada entienden.

Imagino que de esa frustración nace la pelea por redactar un comunicado que, después de superar mil y un escollos ha visto finalmente la luz. Y en él, las agencias dicen claramente que no piden dinero, aunque lo necesitan de manera desesperada. Piden a los gobiernos que cumplan su responsabilidad, ni más ni menos. Dicen, con toda la claridad que el lenguaje diplomático les permite, que están hartos de poner tiritas en una inmensa herida que nadie está dispuesto a cerrar. Hartos de gritar en el desierto.

A los miembros de organizaciones vinculadas a la ONU a menudo se nos acusa de ser parte de los problemas más que de la solución. Alguna vez incluso me han interpelado personalmente si no es algo que me plantee algún cuestionamiento ético. Todo lo contrario. Creo firmemente que, con todas sus imperfecciones, el sistema de las Naciones Unidas es de las cosas mejores que hemos logrado hacer colectivamente. Sus agencias no son ni mucho menos perfectas. Y deben esforzarse cada día por mejorar. Pero sin ellas el mundo sería un lugar peor para mucha gente. Tienen límites, claro que sí. Los que marcan en buena medida los gobiernos a los que rinden cuentas. Por eso nosotros, que somos los votantes de esos gobiernos, debemos exigirles que cumplan con su responsabilidad. Y el drama de Siria es un buen motivo para hacerlo. Ya basta.

PD: si no escuchaste anoche el especial de Hora25 desde Siria, no te pierdas el podcast.

Fotografía: © UNICEF/NYHQ2013-0006

Publicado por Marta

Reincidente en cooperación internacional y temas sociales desde hace ya casi 20 años (glups). Metida en más jaleos de los que debería y menos de los que mi conciencia me pide. Incoherente por naturaleza, aunque trato de evitarlo. Mi compromiso incluye cuidar a los míos, aunque no siempre esté a la altura.

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1 comentario

  1. Me duele Siria cada noticia e imagen que llega… y como siempre me sorprende la capacidad para sobrevivir y esos nenos que sonrien y juegan cin la miseria y la enfermedad. Ya basta

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