Eran estudiantes con sueños, salieron a la calle, buscaban cambios y lo consiguieron, pero también murieron.

Al pasear por Maidan y alrededores, las fotos, velas y cruces te sobrecogen y te recuerdan sus historias. La mayoría eran muy jóvenes, y sus historias muy cortas.

El nuevo presidente Poroshenko es el primero de Ucrania que no ha necesitado una segunda vuelta. Un gran apoyo popular y unas elecciones limpias, transparentes y abiertas al escrutinio internacional, le legitiman.

En Ucrania son muchas las expectativas e importantes los retos. Los ucranios han dejado muy claro que quieren paz, que se rebaje la tensión con Rusia, que se resuelva la situación en el Este, se mantenga Ucrania unida, demandan una cercanía a la Unión Europea y que se acabe de una vez por todas con la corrupción. Grandes desafíos derivados de los acontecimientos del último año que se suman a otros como su relación con la OTAN, la crisis económica o el problema del gas. Casi nada.

Pero aún hay más. La lógica y la comprensible demanda de paz, no puede conllevar el olvido.

Los ucranios y ucranias tienen ante si una nueva etapa, una página en blanco. Pero ésta ha tenido un coste, algunos han pagado un precio por ella y no van a estar para disfrutarla.

En Maidan, de los poemas y los cantos, se pasó a las llamas, antidisturbios, disparos y muerte.

Exactamente ¿qué pasó en Maidan? ¿Cuántos murieron? ¿Quiénes fueron los francotiradores? ¿Quiénes les financiaron y dirigieron? Son todas preguntas de momento sin respuesta, que ameritan que se investiguen, se publiciten y se haga justicia. Lo mismo es necesario para la tragedia de Odessa y los acontecimientos en la región del Donbass.

Los países, los conflictos y los muertos van cambiando, pero una premisa se repite: para escribir el futuro, no podemos olvidar el pasado.

 

 

 

Publicado por Maria

Activista convencida de la necesidad de incidir para conseguir cambiar y evolucionar. Responsable de la Incidencia Política en temas internacionales en Amnistía Internacional. Este es un blog personal.

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3 comentarios

  1. La muerte de los más jóvenes, es injusta en sí misma, y mucho más cuando es el resultado de un conflicto cuyos causas e intereses, reales y complejos, son desconocidos por la inmensa mayoría de sus víctimas.
    El conocimiento de lo que ha pasado, los orígenes y las causas que propiciaron el estallido del conflicto y sus responsables, deberían ser la base sobre que reflexionar para construir los cimientos de un futuro más justo para todos.
    El conocimiento y la inteligencia deberán sustituir algún día a la barbarie y a la sin razón.

  2. Este es uno más de los escenarios actuales en que se desarrollan ciertos acontecimientos donde se mezclan elementos positivos y negativos, derivados de esa dualidad mundial «Occidente y Demás», y cuyo balance final es bien difícil definir. Lo que dice María es bien cierto, y aplicable en cualquier situación: no hay que olvidar el pasado para (entre otras cosas) no repetirlo…
    -Jaime-

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