Iba para abogada de una gran firma y madre de familia de una “familia normal” y ¡mírenme ahora! En una ONG jugando a la política, casada con un divorciado con dos hijos.

A uno de ellos un día le encargaron en el cole un árbol genealógico. Él preguntó si lo hacía de toda su familia y la profe, no dudo bien intencionada pero poco acertada, le contestó que, para no liarse, mejor lo hiciera sólo de la “familia normal”.

No sé si el pobre entendió aquella respuesta ni el por qué la recibía, ni sobre todo por qué su familia de ahora es “anormal”. Más cuando según cuenta, él se siente muy a gusto con el novio y la familia del novio de su madre, y conmigo y mi familia. Es decir sus referencias se han ampliado así como el cariño y la atención que recibe.

¿A que llamamos familia hoy en día? Yo soy de esas personas que reivindican que el concepto es bien amplio y forman parte de ella todas aquellas personas que tú estimes así lo hagan. Es decir nadie puede venir y decirte quien sí y quién no.

Sin embargo lamentablemente en muchas ocasiones se sigue considerando “anormal” aquello que no cumple ciertos parámetros y, de alguna forma o de otra, te lo hacen ver. Cuando la realidad, una vez más, va por otro lado.

Todas esas nuevas familias, esas nuevas figuras, siguen estando bastante invisibilizadas. Por ejemplo madrastras ¿cuántas somos? ¿Alguien lo sabe? ¿Qué problemas tenemos? ¿Qué necesidades? ¿Somos invisibles o nos invisibilizan?

Creo que hay que normalizar lo anormal, anormalizar lo normal… y casi mejor olvidémonos de etiquetas. Se trata de primar el interés superior del menor, educar, poner mucho sentido común y sobre todo y ante todo, mucho cariño.

Ser madrastra es algo para lo que hay que estudiar día a día (nunca nadie nos enseñó), estar siempre atenta, aprender de los errores y superar las dificultades para las que nadie te preparó. No es un camino nada fácil, y en el que entran muchos factores. De hecho por mucho que algunas lo intentan, al final no lo consiguen o no las dejan.

En ocasiones, como la mía (al menos hasta ahora), es una experiencia que además de las dificultades, me da muchas alegrías y me lleva a dónde nunca imaginé. Eso sí, no duden que cada noche me miro al espejo, pongo cara de mala y digo “soy madrrrrrrrasssstrrrrrraaaaa”

 

 

 

 

(Foto nojhan)

Publicado por Maria

Activista convencida de la necesidad de incidir para conseguir cambiar y evolucionar. Responsable de la Incidencia Política en temas internacionales en Amnistía Internacional. Este es un blog personal.

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10 comentarios

  1. Personalmente , creo que Espanya esta llena de perjuicios que por razones desconocidas siguen incrustados en el subconsciente (y consciente) del país, en su lenguaje y costumbres, y no parece que las generaciones que han sido expuestas al resto del mundo hayan tomado la decisión de erradicar este problema.

    Llevo catorce anyos en el Reino Unido y sinceramente me han servido para darme cuenta de dos cosas: La primera, que cuando yo me sentía incomoda frente a comentarios como el descrito en este post, tenia razones para estarlo. La segunda, que existe otra manera de «operar», solo hace falta un cambio de mentalidad.

    Hace un mes mi sobrina volvió al colegio y durante los primeros días, repitió varias veces que no quería. La razón que emergió de nuestras conversaciones fue que hay ninyos en su colegio que le hacen sentir mal por ser diferente. En mi familia todos lo somos. Yo soy rubia, mi hermano moreno, mi padre nació de Rusia mi madre en San Sebastián. Mi marido es japonés mi cunyada Ugandesa. Ser diferente es normal, y como tu post describe, lo importante es que todos contribuimos de manera positiva a su existencia.

    El problema es que no todo el mundo lo ve así, y lo que es peor, nos hemos acostumbrado a aceptarlo, a requerir que sean los propios ninyos quienes tengan que «hacerse fuertes». Por que? Cuando vamos a tomar responsabilidad y aceptar que es nuestra misión darles un espacio en el que desarrollarse como personas?

    El sistema educativo debería ser el primero en promover cambio. Desde su posición, deberían destruir los mitos de la normalidad y plantar las semillas necesarias para promover el pensamiento plural, abierto, sin perjuicios.

  2. Vayamos por partes. Casi que estoy de acuerdo con ambas intevenciones aunque son bien diferentes. Es muy cierto como dices María que no nos han enseñado a ocupar un puesto en la familia -sea cual fuere ésta- que socialmente se considera como «no normal», para eso como para tantas cosas no hay instrucciones adjuntas, se ha de aprender todo bien y a la carrera. Y no es nada fácil, no lo es. Podemos con nuestras mejores intenciones poner todo lo mejor de nosotros en ese empeño, en comprender, agradar a la par que educamos, formamos y sentimos esperando recojer el fruto. Y no siempre sucede así, ¿porqué? Mi respuesta y porque la he vivido también es que somos nosotros mismos quienes levantamos ese muro que no termina de ser derribado para que ese niño, niña o adolescente entienda que ahora somos nosotros los que hemos de ocupar un puesto y unas obligaciones que antes ocupaba su madre o padre biológico. Y ahí radica el problema, de entrada entiendo que somos plenamente aceptados con todo lo que ello significa y, seguramente, poco a poco iremos ganando ese nuevo papel que nos ha tocado vivir. Mas el verdadero problema radica en nosotros, no en la sociedad, no en los «¿hijastros-as?», sino en nuestras propias incapacidades para entender lo que está pasando. Y sí porque nos desvelamos más allá de lo que convendría, nos esmeramos con cuidados, detalles y otros como intentando ganarnos un cariño que se forja en la convivencia diaria, con el papel de padre o madre que cualquiera asumiría pero que en este caso no es así y vamos contra reloj. Tampoco conviene olvidar que no somos sus madres o sus padres y que no se trata de usurpar esas potestades. Por eso es un tema bien complejo y delicado que no siempre es entendido incluso por nuestras parejas, ya que el intruso-a somos nosotros y es a quien corresponde amoldarse y siempre entender. Lo ideal sería que hubiera -por pedir que no quede- hijos-as de ambos en ese núcleo familiar nuevo, es así como nos daríamos cuenta de toda la problemática que conlleva tu post de ser «madrasta» y, claro, resolverlo.

  3. Estoy muy de acuerdo con lo expresado, no solo porque como «madrastra» te considero ejemplar, sino porque las familias «menos normales» que he conocido todas son tan normales o más como las «normales». Creo que el juego de palabras queda claro. Intentar reducir el repertorio de posibles uniones a lo tradicional, es tanto como poner puertas al campo o limitar indebidamente la libertad humana.

  4. No te molestes por lo que digan los demás. Mi familia sí que es rara. No estoy casado. Tengo cinco hijos, todos hijos, ninguna hija. Hay quien piensa que soy del Opus. Una suegra japonesa, divorciada y después viuda. Un suegro andaluz, divorciado y vuelto a casar, con dos hijastros que le dan bastante mala vida. Mis padres están divorciados. Mi padre se volvió a casar. Tiene 3 hijastros. Pues después de todo esto…¡me considero muy afortunado!… Bueno, excepto alguna noche…:))))). Si te digo la verdad, no percibo los prejuicios. Hay gente que no entiende que no esté casado y menos siendo cristiano. Antes me molestaba en explicarlo, ahora me da pereza y no lo hago. En fin, yo creo que es cuestión de tiempo, de costumbre, el ver diferentes situaciones familiares. Dentro de unos años, nos extrañaremos o nos reiremos de haber escrito esto en este blog.
    Un beso fuerte Mafalda.

  5. María, al fin y al cabo creo que para ser madres «normales» tampoco nadie recibe un título formativo (aunque he descubierto que existe una Universidad para padres que ofrece cursos y todo!!). La ventaja y dificultad es que tenemos menos roles en quién mirarnos… así que es todo un reto para la creatividad y la invención ¿no?.bs

  6. Si todas las madrastras fueran como tú no habría cuento…

    Quizá usando más la palabra se le quite el tinte peyorativo :-) ¿por qué en inglés se dirá STEPmother? ¿por estar a un paso de ser madre?… ¿?

    Si ser madre es complicado ser madrastra hoy en día ya es para nota: «diplomacia preventiva», me viene a la cabeza empatizando con las madrastras, ser y no ser, estar y no estar, opinar y no opinar, participar y no participar, ejercer y no ejercer…. Supongo que lo mejor será aparcar las etiquetas y hacer lo mejor que una pueda, lo que tu sentido común te pida en cada momento. El entorno, entretanto, seguro que sí está cambiando…

    Besos madrastras

  7. María! eres la caña de España!!!

    Lo de ¨familia normal¨ agjjjjjj…

    Si se entiende familia normal- anormal, como habitual-no habitual (respecto a los parámetros de madre, padre, niño y niña), lo llevan claro! Afortunadamente estamos rodeadas/os de diversidad en todos los aspectos y eso es lo que hace que nuestra vida sea cada vez más rica.
    Sinceramente creo que todavía queda mucho por avanzar en el camino, pero cada vez son más las personas dedicadas a la educación, que se van formando en este aspecto.
    ¡Vivan las diferencias!
    Eres una mujer excepcional y ojalá todas las madres y madrastras (que palabra tan fea!!!) siguieran tu camino y se plantearan la mitad de las cosas que tú haces.
    Enhorabuena!!!!

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