A lo largo de la historia, las formas de reprimir la libertad de expresión y el activismo han sido y son de lo más variadas y variopintas. Las autoridades rusas, el pasado 19 de septiembre alcanzaron niveles de delirio.

30 activistas del buque Artic Sunrise de Greenpeace fueron detenidos y acusados de “piratería”.

¿Piratas? ¿Será porque iban en barco? ¿Quizás los rusos no vieron bien la bandera? O sencillamente que la protesta y el disenso no caben en Rusia. Todo esto es completamente ridículo, absurdo y perjudicial para el estado de derecho. Si 30 personas no estuvieran viviendo la terrible experiencia de estar detenidos en Rusia, nos daría para unos cuantos chistes.

Los agentes que abordaron el barco llevaban armas de fuego con las que hicieron disparos al aire y al agua, y cuchillos con los que rasgaron los botes hinchables. Rodearon a la tripulación del barco a punta de pistola y destrozaron la sala de radio que se usa para las comunicaciones.

Según el derecho internacional se define la piratería como “todo acto ilegal de violencia o de detención, o todo acto de depredación cometido con un propósito personal”.  La legislación penal rusa contiene una definición similar, que incluye actos como la captura de otro barco y el uso, o la amenaza de uso, de la violencia. En Rusia los delitos de piratería están castigados con penas de entre cinco y 15 años de prisión.

La gravedad del cargo de “piratería” concuerda plenamente con la actitud de las autoridades de Rusia ante las protestas internas en los últimos meses. Cantar una canción en la catedral de Moscú acaba siendo “un acto de vandalismo por motivos de odio religioso” y participar en una reunión pacífica se convierte en “participar en disturbios multitudinarios y atacar a la policía”

Los activistas de Greenpeace lo único que podrían compartir con los piratas es que su objetivo son los tesoros. En este caso querían proteger el Ártico: un tesoro para todos. El Ártico se derrite y de él depende el futuro y el clima del planeta.

Los activistas protestaban de forma pacífica contra las perforaciones en el mar de Pechora, frente a la costa norte rusa. Y está claro que las autoridades rusas han decidido dar ejemplo con los activistas de Greenpeace para así desanimar a futuras protestas de este tipo. Por desgracia, este comportamiento coincide con la actitud general de las autoridades rusas respecto a las protestas.

Ayer les retiraron los cargos infundados de piratería y ahora se les acusa de vandalismo. Ni son piratas ni son vándalos, son activistas.

No podemos permitir que el activismo pacífico sea criminalizado. Hay que exigir a las autoridades rusas que abandonen esta política de ridículas artimañas y pongan inmediatamente en libertad a los activistas.

Los 30 defensores del Ártico necesitan que les apoyemos. Anímate a firmar y a difundir esta petición http://bit.ly/17ctDTv

#FreeTheArctic30

 

Publicado por Maria

Activista convencida de la necesidad de incidir para conseguir cambiar y evolucionar. Responsable de la Incidencia Política en temas internacionales en Amnistía Internacional. Este es un blog personal.

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1 comentario

  1. Confirmado una vez más: quienes se meten a redentores, acaban crucificados. Eso, desde el siglo I de la era prehistórica. La Humanidad se ha ido enriqueciendo poquito a poco, y ahora no se crucifica, pero se usan otros métodos igualmente disuasorios. Como por ej. este que los rusos han empleado contra unas personas que exigen el respeto del medio ambiente en bien de la humanidad. ¡¿Pero por qué?!!!! Muy sencillo (por repetitivo): porque el Poder no permite jamás que le sustraigan parcelas sin su permiso. Eso, ni rusos, ni ingleses, ni cameruneses, ni yanquis, ni nadie. Todos los bienes sociales que se han conseguido, lo ha sido por la lucha de los concienciados, por su sacrificio, por su entrega. Por lo menos, seamos conscientes…

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