Hace unos años, cuando nació mi primer hijo, tuve una maravillosa conversación sobre la maternidad con mi amigo Jason: “lo más maravilloso de tener hijos es que te enseñan a vivir de otro modo. Tus valores, problemas y prioridades se reflejan en ellos y te son devueltos transformados. Esa nueva versión de tu realidad simplificada es mucho más enriquecedora”.

El otro día fuimos al circo –por cierto que me pareció una maravilla pero esto será el objeto de otra entrada-. Mi hijo mayor pasó gran parte del espectáculo preguntando que cuando llegaban los tigres. Llegaron los tigres y fue una gran decepción, que logramos superar gracias a la nube de algodón de azúcar pegajoso que era mucho más interesante en ese momento. Cuando salimos del circo tuve una larga conversación con mi hijo. Le expliqué que uno no puede basar su vida en la expectación por lo que va a llegar. Que el deseo constante de conseguir lo que no se tiene genera una permanente insatisfacción y es la primera causa de frustración y tristeza vital. Que uno de los secretos de la tan ansiada Felicidad se encuentra en ser capaz de valora cada instante tal y como es con lo que ofrece. No vivir recordando tiempos mejores, ni vivir expectante por un futuro mejor. “como solo querías ver los tigres no viste nada más y cuando llegaron ya estabas pensando en la siguiente cosa que querías hacer y no disfrutaste ni siquiera de ellos”. Tiene 5 años. Lo entendió perfectamente.

Hoy me encuentro yo misma rumiando mi discurso. ¿Cómo conseguir vivir “el ahora” sin esperar del momento más de lo que me puede dar? No se trata de ser conformista, solo se trata de no vivir obsesionada con aspectos impredecibles que no dependen de mí. Luchar porque aquello que dependa de mi sea como yo quiero que sea y conseguir darle la dimensión adecuada a todo lo que deseo.

Somos el producto de una sociedad quebrada por el consumo y la velocidad. Además somos gregarios y rechazamos la individualidad. Nos asusta el rechazo social y tenemos un absurdo miedo al ridículo y a la soledad.

Hay culturas donde el individuo tiene muchísima importancia y se cultiva la búsqueda del equilibrio individual siendo este el pilar sobre el que se construye después la relación social. Pero aquí basta con mencionar palabras como meditación o espiritualidad para levantar sonrisas despectivas y comentarios ácidos. Y sin embargo la depresión, enfermedad personal e intransferible, es una de las enfermedades más frecuentes en nuestras sociedades avanzadas.

Cierro los ojos e intento no ver ni pensar en nada, me concentro en mi respiración e intento ser capaz de tener esa sensación de abstracción total en la que nada es; solo una misma y la vida- nuestra única certeza, nuestro mayor regalo-. Todavía no me sale así que paso a pensar en lo maravilloso que es el momento presente, el privilegio de estar aquí y ser lo que soy y tener lo que tengo en este preciso instante. Eso si me sale. Me lleno de paz, alegría y esperanza. Os lo recomiendo.

“Si lloras por la noche porque no puedes ver el sol, las lágrimas no os dejarán ver las estrellas”. R. Tagore.

Publicado por Lula

Ingeniero Agrónomo que no distingue un manzano de un peral. Empecé mi carrera en el lado oscuro, trabajando como lobista para grandes multinacionales en Bruselas. Un día deje el lobbying, y me fui a recorrer el mundo con una mochila. Poco después de mi vuelta decidía dedicarme en cuerpo y alma a a cambiar el mundo, para hacerlo más justo, usando la comunicación. Y en esas estoy.

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2 comentarios

  1. Maria , me encanta el post. Que verdad tan grande.
    Mi hijo pequeño pone tanta ilusión en los planes futuros, cumpleaños, nueva pelicula, comida familiar o viaje… que cuando los realiza ya no los disfruta o le frustra que no han llegado a ser como el pensabay ya pasa a otro plan …Ese si que ….
    Es una de mis luchas casi diarias hacerle entender que el dia de hoy es lo que hay que disfrutar y no estar pensando en lo que vendrá….
    Os animo a seguir con este Blog..os sigo siempre.

  2. Algun@s como niños mayores que somos, vivimos “encantados”. Esa visión mágica, ilusoria, imaginaría que tenemos de la vida, no coincide con la realidad. Una vez roto el “encantamiento” y pérdida la capacidad que teníamos de niño para regenerar la ilusión constantemente, nos queda hacer algo por cambiarla. El peligro está en que a nuestro propio engaño le sumemos el engaño de otros, entonces el “desencanto” pasa a ser desengaño y frustración. En ese momento, personas como tú Lula, que son capaces de no perder la fe en sí mismo, en nosotros, nos dan la luz. Gracias.

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