Estamos viviendo tiempos convulsos. O eso me parece a mi. El fin del mundo tal y como lo hemos conocido ha llegado. Y esto que suena tan apocalíptico no lo es, si es el final, casi mejor, que quieren que les diga….

Vivir en un mundo donde una pequeño conjunto de seres sobrevive gracias al sufrimiento y la destrucción del resto da un poco de grima, la verdad. Y no hablo solo de las enormes desigualdades que alegremente promovemos entre humanos -si, si, promovemos, con cada uno de nuestros pequeños actos, cada compra de ropa barata, de comida basura, de tecnología de sangre, incluso con cada interés bancario producto de la especulación financiera…-. También hablo de los abusos a otros animales, porque somos animales se lo aseguro, y a otros seres vivos, que nos rodean.

Como decían unos filósofos maravillosos con los que me junte hace tiempo: «si seguimos así nos vamos a extinguir… ¿Y qué?» Efectivamente, ¿y qué? Pues nada. Ahora bien, aceptando que el fin está próximo, por favor, acabemos esto con dignidad. Yo es lo que pienso hacer. Pienso morir luchando. No puedo abarcarlo todo, no sería sostenible, pero lucho todos los días un poquito, con la convicción de que cada poquito, sumado todos los días, conseguirá hacer un algo.

Les recomiendo que hagan lo mismo. Reflexionar a la hora de consumir, informarse bien de todo, indignarse, buscar formas de cambiar lo que se cree que está mal, pero sin destruir, construyendo, con amor y paciencia. Seguramente nos extingamos igual, pero los haremos con una sonrisa en la boca.

Publicado por Lula

Ingeniero Agrónomo que no distingue un manzano de un peral. Empecé mi carrera en el lado oscuro, trabajando como lobista para grandes multinacionales en Bruselas. Un día deje el lobbying, y me fui a recorrer el mundo con una mochila. Poco después de mi vuelta decidía dedicarme en cuerpo y alma a a cambiar el mundo, para hacerlo más justo, usando la comunicación. Y en esas estoy.

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9 comentarios

  1. Buenos días a todas y cada una que formáis ese quinteto que, bajo el dudoso nombre de Reincidentes -sic, ¿reincidentes en qué?- emprendéis el camino de la comunicación con el exterior, es decir con los de afuera. Me gusta la idea, así como la intencionalidad de la misma. De la misma manera que me aventuraría a decir que sé perfectamente por dónde van a ir los tiros – que los habrá. Si he decidido entrar al trapo es porque me encanta dar cuerpo a iniciativas como la vuestra en el amplio sentido de la palabra. Desmontar, descreer y volver a montar y creer en las ideas, en las formas y en los orígenes de las mismas forman parte de un entusiasmo que todos deberíamos conservar bien que no sean buenos tiempos para casi nada. Y sí, la justicia social, el oprobio de los gobernantes etc. etc. os va a dar campo para ciento y una entrada de este blog que alumbráis ahora.
    Por mi parte voy a intentar cooperar con vosotras leyéndoos, participando y haciendo un tanto de abogado del diablo por aquello de crear polémica, enredar y no morir en el intento. Sea pues.
    Saludos blogeras.

  2. Disculpad que dijera quinteto cuando se trata de seis, tanto da el número si al cabo la cuerda es la misma.
    Saludos.

  3. Haces y dices que hay que mirarse el omligo por aquello de la conciencia a la hora del consumo responsable. En parte estoy de acuerdo con ese planteamiento, sólo en parte. Efectivamente estamos llegando, en todos los sentidos, a un punto de no retorno; que el planeta tierra va de peor en peor es una obviedad -incumplimientos de los acuerdos de Kioto, deshielo increíble y cierto de los polos, la noticia del deshielo este verano de Groenlandia es para echarse a temblar, la desforestación que ya no es recuperable, el agujero de ozono etc. etc.- y sin embargo los paises de esta santa tierra no mueven un dedo, no se avanza en aras del conservacionismo; el panorama es, por tanto, poco alentador y bastante sombrío.
    Y he aquí que apuntas por un consumo responsable, por una elección que, en parte, salve nuestas conciencias que no deja de ser eso. Empero hay una realidad que tampoco podemos olvidar, efectivamente una prenda de un bazar «chino» no va a cumplir con las normativas, creencias (respeto al trabajo digno, por no decir a los DDHH de los que todos somos paladines) o los postulados de muchas personas que llamamos concienciadas o con ella. Mas hay, y cada vez más, millones de personas que no pueden acceder a ese consumo responsable, no van a mirar el made in China sino el euro y medio que les puede costar un sueter horrible y mal hecho. Y como esto estimada Lula casi todo. Yo veo a diario la pobreza en forma de cuerpos que asomados a los contenedores de basura tratan de rebuscar por si tuvieran suerte. Esto es indecencia y pobreza. No puedo estar de acuerdo que hemos de cambiar el chip en aras de una metodología que acalle – en parte- nuestras conciencias de ciudados de pro o con alguna formación, o con ambas sin contar con la realidad que por desgracia es.
    Saludos.

  4. Hola Armando,
    gracias por tus comentarios! perdona el retraso en la respuesta, en mi nombre y en el de mis compañeras, pero es que estamos descubriendo el blog nosotras también.
    Yo no creo que el panorama sea sombrío. Creo que toda crisis es una oportunidad. Si que creo que nos estamos equivocando con el enfoque de la solución. Creo que lo primero es recuperar nuestra humanidad, entendiendo por ella esa parte de amor consciente, lo que se denominaba en la revolución francesa la fraternidad. Creo que el cambio vendrá por ahí. No tiene nada que ver con comprar en un chino o no. Es mas cambiar las prioridades. Es una larga discusión supongo, pero bueno, un placer saber que mi humilde post inaugural ha suscitado algo de interés. Muchas gracias de nuevo y sigue dando caña.

  5. Sí que veo que estamos en el final de una etapa, de un ciclo: somos los protagonistas de atender, de partici par en el final de una etapa en la evolución del ser humano. No hay final de otra cosa, de aquí viene la sen sación de «convulsión»: todo, absolutamente todo va a cambiar radicalmente: no nos va a conocer ni la madre que nos parió. Y aquí está el punto crucial: todos nosotros debemos de apuntarnos al cambio que está aquí y ahora mismo. Pero el camino del cambio es CAMBIAR-NOS A NOSOTROS MISMOS. Como decía un señor llamado Gandhi: «si quieres cambiar el mundo,cámbiate a tí mismo primero». Nuestro esfuer zo es, a partir de ahora, el cambiarnos a nosotros mismos profunda y radicalmente, «que no nos reconozca ni la madre que nos parió»; si llegamos a este punto, tendremos éxito en nuestro futuro. Cambié-mo-nos desde nuestro corazón hasta lo más superficial de nosotros, desde adentro hasta afuera; sin miramientos hacia «el qué dirán», sin mirar ni a derecha ni a izquierda, ni a nuestra pareja ni a nuestros hijos. Conscienciemos nuestro subconsciente para sanar-lo, para que sea transmutado en expansión, en alegría, en vida, en ganas de reir, en alegría. No, no estamos para acabar algo con dignidad; sino estamos para cambiar-nos totalmente, nuestros hábitos, nuestras tendencias, TODO.-

    1. Gracias por los comentarios Joaquín. Esa es una reflexión que yo misma hago frecuentemente, y la pobre frase de Gandhi la tengo muy manida. Hay un video que te va a gustar, en el que se habla de esto y lo protagoniza mi adorado Pepe Esquinas, dura 14 minutos pero no tiene desperdicio: http://www.youtube.com/watch?v=JAebf-WtznE.Un abrazo!

  6. Querido Armando, cierto, cierto lo que dices. Pero las actuaciones no son excluyentes. Puedo exigir (sí exigir) respecto al medioambiente, puedo ejercer un consumo responsable decidiendo pagar 40 céntimos más por un café de comercio justo y puedo también demandar una política redistributiva de la riqueza y unos derechos sociales que hagan que nadie tenga que buscar nada en un cubo de basura.
    Un saludo
    PD: por cierto Marta, Soledad, María, Irene, Lula y Yolanda, enhorabuena y buena suerte en el reincidente viaje…os seguía a algunas por separado, ahora da gusto veros a todas juntas.

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